Cómo tomar decisiones de ingeniería desde una antropología cristiana.
¿Qué hace cristiana a una aplicación?
Hace unos meses me hicieron una pregunta que, cuanto más la pienso, más profunda me parece:
«¿Cómo se desarrolla una aplicación aplicando la Doctrina Social de la Iglesia?»
La reacción habitual sería pensar que una aplicación cristiana es aquella que contiene la Biblia, el Rosario, el Evangelio del día o las oraciones de siempre. Y sí, todas esas cosas pueden formar parte de una buena aplicación. Pero, en realidad, creo que ninguna de ellas responde a la pregunta.
Una aplicación no es cristiana por el contenido que muestra.
Lo mismo que un templo no es santo por las piedras con las que está construido.
Lo que hace verdaderamente cristiana una obra es la intención con la que nace y la forma en que trata a las personas.
La tentación de copiar Silicon Valley
Quienes desarrollamos software vivimos rodeados de una cultura muy concreta.
Nos enseñan a optimizar métricas.
A aumentar la retención.
A conseguir más usuarios activos.
A incrementar el tiempo de uso.
A medir conversiones.
Todo eso es técnicamente correcto. Son herramientas. Pero las herramientas nunca son neutrales cuando empiezan a definir el éxito de un proyecto.
Si el éxito consiste únicamente en que el usuario pase más tiempo dentro de mi aplicación, terminaré diseñando una aplicación que luche por su atención, aunque eso no sea lo mejor para él.
Y aquí aparece la primera pregunta incómoda.
¿Estoy desarrollando una aplicación para servir a las personas o para conseguir algo de ellas?
El usuario nunca debería convertirse en el producto
En internet hemos normalizado cosas que hace veinte años nos habrían parecido escandalosas.
Aceptar que una aplicación recopile todo lo que hacemos.
Aceptar publicidad hipersegmentada.
Aceptar que se diseñen mecanismos para que no podamos dejar de mirar la pantalla.
Aceptar que la economía de muchas aplicaciones dependa de mantenernos conectados el mayor tiempo posible.
No escribo esto para demonizar a nadie. Yo también desarrollo aplicaciones y conozco perfectamente las dificultades económicas que supone mantener un proyecto vivo.
Precisamente por eso estas preguntas son importantes.
Cuando desarrollaba Peregrino App tuve que tomar decisiones que no siempre eran las más rentables.
¿Publicidad?
¿Analítica?
¿Qué datos necesito realmente?
¿Qué datos sería mejor no conocer nunca?
No encontré respuestas en un manual de programación.
Tampoco en un framework.
Las encontré preguntándome continuamente qué era lo mejor para la persona que estaba al otro lado de la pantalla.
La dignidad humana también se programa
La Doctrina Social de la Iglesia comienza hablando de la dignidad de la persona.
No es un concepto abstracto.
Es una forma de mirar al otro.
Cuando esa mirada llega al desarrollo de software, cambia muchas decisiones.
La pregunta deja de ser:
«¿Cómo consigo que el usuario vuelva mañana?»
Y pasa a ser:
«¿Cómo puedo ayudar realmente a esta persona?»
Puede parecer un pequeño cambio de enfoque, pero transforma completamente el diseño de un producto.
Porque una persona no es un número.
No es una métrica.
No es un gráfico de Google Analytics.
No es un KPI.
Es alguien con una historia, con alegrías, con heridas, con poco tiempo y con una capacidad limitada de atención.
Y eso merece respeto.
Una aplicación también evangeliza por cómo está hecha
En ocasiones pensamos que evangelizar consiste únicamente en transmitir un contenido.
Yo cada vez estoy más convencido de que también evangelizamos cuando diseñamos una experiencia que respeta la libertad de las personas.
Una aplicación puede hablar continuamente de Dios y, al mismo tiempo, manipular psicológicamente a sus usuarios.
Y otra puede ser extraordinariamente respetuosa con la persona incluso antes de que ésta lea una sola palabra.
Las decisiones técnicas también hablan.
Hablan de qué pensamos del ser humano.
Hablan de qué entendemos por libertad.
Hablan de qué lugar ocupa el dinero.
Hablan de qué estamos dispuestos a sacrificar para que un proyecto sea sostenible.
La pregunta que intento no olvidar
Cuando empecé Peregrino App me obsesionaban las preguntas técnicas.
¿Qué arquitectura utilizar?
¿Qué proveedor elegir?
¿Qué base de datos?
¿Qué modelo de financiación?
Hoy sigo haciéndome esas preguntas.
Pero intento que nunca sean las primeras.
La primera intento que sea siempre esta:
¿Qué necesita realmente la persona que utilizará esta aplicación?
Quizá esa sea una buena forma de resumir cómo entiendo hoy el desarrollo de software desde una visión cristiana.
No consiste en llenar una aplicación de contenido religioso.
Consiste en que cada decisión de diseño, desde la más pequeña hasta la más importante, nazca del convencimiento de que la persona vale infinitamente más que cualquier métrica.
Y, curiosamente, cuando uno empieza a desarrollar pensando así, descubre que ya no está construyendo solamente una aplicación.
Está intentando cuidar personas.!
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