Una app no es cristiana porque rece el Rosario
Hace unas semanas me propusieron impartir un curso sobre desarrollo de aplicaciones religiosas a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.
Reconozco que la propuesta me descolocó.
No porque dude de que la Doctrina Social tenga algo que aportar al desarrollo de software. Al contrario. Estoy convencida de ello. Lo que me hizo detenerme fue otra cuestión mucho más básica:
¿Qué convierte realmente a una aplicación en cristiana?
La respuesta intuitiva parece sencilla.
- Que tenga oraciones.
- Que incluya la Biblia.
- Que ofrezca el Evangelio del día.
- Que permita rezar el Rosario.
Sin embargo, cuanto más lo pensaba, menos me convencía esa respuesta.
Porque una aplicación puede contener todo eso y, al mismo tiempo, estar diseñada para captar nuestra atención a cualquier precio, recopilar más datos de los necesarios o utilizar estrategias que reduzcan nuestra libertad de decisión.
Y entonces me di cuenta de que necesitaba formular otras preguntas...
Durante el desarrollo de Peregrino App hubo decisiones que me llevaron mucho más tiempo del que habría necesitado para implementarlas técnicamente.
No porque fueran difíciles de programar.
Sino porque no tenía claro si eran coherentes con la finalidad para la que había nacido el proyecto.
- ¿Debía incorporar publicidad?
- ¿Hasta dónde era razonable utilizar analítica?
- ¿Qué información necesitaba realmente para mejorar la aplicación?
- ¿Dónde estaba la frontera entre conocer el comportamiento de los usuarios y convertirlos en una fuente de datos?
Curiosamente, ninguna de esas preguntas tenía una respuesta técnica.
Tampoco económica.
Eran preguntas profundamente antropológicas.
Y fue entonces cuando comprendí que la Doctrina Social de la Iglesia no iba a decirme qué librería utilizar ni qué servicio contratar en la nube.
Pero sí podía ayudarme a responder una pregunta mucho más importante:
¿Qué significa respetar a la persona cuando diseñas un producto digital?
El verdadero diseño centrado en el usuario
En el mundo del software hablamos constantemente de User Centered Design, un concepto valioso. que con frecuencia, acaba reduciéndose a mejorar la experiencia de uso para conseguir determinados objetivos de negocio.
- Que el usuario permanezca más tiempo.
- Que vuelva con mayor frecuencia.
- Que complete una compra.
- Que pulse un botón.
No critico estas prácticas. Forman parte de nuestra profesión y muchas veces son perfectamente legítimas.
Las preguntas correctas son:
- ¿Y si poner realmente a la persona en el centro significara algo diferente?
- ¿Y si el éxito de una aplicación no pudiera medirse únicamente por el tiempo que consigue retener nuestra atención?
- ¿Y si hubiera decisiones que, aun siendo menos rentables, fueran mejores porque respetan más profundamente la libertad de quien utiliza la aplicación?
No tengo respuestas universales.
Desconfío de ellas.
Pero sí creo que merece la pena hacerse esas preguntas antes de escribir una sola línea de código.
Quienes nos dedicamos a la ingeniería de software sabemos que las decisiones realmente importantes nunca las toma un algoritmo ni la IA.
Las toman las personas.
Quizá por eso empiezo a pensar que una aplicación no es cristiana porque permita rezar el Rosario o tenga una gran propuesta de contenido digital religioso que incluyan desde ebook, podcasts, hasta experiencias inmersivas.
Una aplicación es verdaderamente cristiana cuando, incluso en las decisiones que el usuario nunca llegará a ver, trata a cada persona con la dignidad que merece.
