Los Principios para la IA, no la IA para los Principios.
La primera línea de Peregrino App no la escribí en Visual Studio Code.
La escribí en un papel.
Bueno... probablemente en una libreta llena de flechas, tachones y cafés.
Porque antes de decidir una arquitectura tuve que responder otra pregunta:
¿Qué problema quiero resolver y para quién?
Parece una obviedad.
No lo es.
En desarrollo de producto es muy fácil enamorarse de la solución.
Mucho más difícil es enamorarse del problema.
Y aún más difícil es enamorarse de las personas que conviven con ese problema.
Después llegó la landing page
Aquí viene una confesión.
Podría haber diseñado una landing espectacular.
Pantallazos enormes.
Frases grandilocuentes.
"Transformará tu vida espiritual."
"Descubre la mejor experiencia para peregrinos."
Ya sabéis... ese tipo de cosas que parecen obligatorias en Internet.
No lo hice.
Porque la landing también forma parte del producto.
Y también comunica una forma de entender a las personas.
Quería contar por qué existía.
Puede parecer una diferencia pequeña.
No lo es.
La primera decisión ética de una aplicación quizá sea la manera en la que se presenta al mundo.
Después llegaron las decisiones incómodas
Hubo un momento en el que dejé de pensar como desarrolladora y empecé a pensar como auditora.
Es deformación profesional.
Cuando llevas años evaluando riesgos, acabas haciendo análisis de impacto hasta para comprar una cafetera.
Y entonces aparecieron las preguntas que os hablé en el artículo anterior.
Como era de esperar, ninguna de las respuestaslas dependían de Flutter, ni de Firebase, ni de Android.
Entonces comprendí algo
Mientras tomama esas decisiones, volví a leer la Carta 3 de san Josemaría Escrivá.
Y me encontré con una idea que, cuanto más la pienso, más revolucionaria me parece!!!
La santidad no consiste en abandonar el trabajo para hacer cosas más espirituales.
Consiste en hacer extraordinariamente bien el trabajo ordinario, en el que la excelencia profesional deja de ser una cuestión de prestigio, es una cuestión de responsabilidad.
No basta con tener buenas intenciones.
- Hay que diseñar bien.
- Programar bien.
- Documentar bien.
- Proteger bien.
- Mantener bien.
- Escuchar bien.
- Rectificar cuando toca.
Como ingeniera, esa idea me resulta mucho más exigente que cualquier lista de buenas prácticas.
Los principios no sustituyen a la ingeniería
A veces se presenta la ética como si fuera un freno para la innovación.
Yo creo exactamente lo contrario.
Los principios no sustituyen al conocimiento técnico.
Lo orientan.
No responden si debo utilizar SQLite o PostgreSQL.
Pero sí me obligan a preguntarme por qué almaceno determinados datos.
No me dicen cómo diseñar una API.
Pero sí me invitan a pensar qué consecuencias tendrá ese diseño para quienes la utilicen.
No escriben una sola línea de código.
Pero pueden cambiar por completo el producto que acabamos construyendo.
Los Principios para la IA, no la IA para los Principios.
Porque la IA hoy en día puede hacer muchas cosas por nosotros y para nosotros, puede escribir código, escribir funciones, generar clases, diseñar arquitecturas, detectar errores e incluso proponer refactorizaciones bastante decentes.
Lo que todavía no hace es decidir por qué merece la pena escribirlo.
- No decide qué problema merece ser resuelto.
- No decide si un dato debería recopilarse aunque sea legal hacerlo.
- No decide si una funcionalidad respeta la dignidad del usuario o simplemente aumenta una métrica.
- No decide qué modelo de negocio estamos dispuestos a aceptar.
- No decide qué tipo de sociedad estamos ayudando a construir.
Esas decisiones siguen siendo profundamente humanas.
Quizá el verdadero reto de la próxima generación de ingenieras e ingenieros ya no sea aprender a escribir mejor código sino entender que la IA debe estar al servicio de unos principios, no utilizar los principios como una herramienta para hacer mejor IA.
Será aprender a formular mejores preguntas.
Porque cuando el código deje de ser el factor diferencial, lo será el criterio.
Y el criterio no se descarga de GitHub, no se instala con un framework y tampoco se le puede pedir a un modelo de lenguaje.
- Se forma.
- Se cultiva.
Y, como he intentado mostrar a través del caso de Peregrino App, necesita un marco sólido de principios desde el que tomar decisiones.
Tal vez ahí esté la habilidad más valiosa del desarrollador del futuro: no escribir más código, sino decidir mejor qué código merece existir.
Los principios guían al desarrollo; el desarrollo no redefine los principios.
